Valladolid y yo tuvimos una relación complicada al principio. Cuando era niña, mi familia y yo íbamos mucho a Mérida y en esos roadtrips siempre parábamos en Valladolid a comer lomitos y sopa de lima en el centro. Yo, la verdad, es que la pasaba muy mal.

Se me hacía eterno el viaje y consideraba que hacer esa parada sólo retrasaba nuestra llegada a Mérida, ¡qué equivocada estaba!

Con el tiempo le empecé a ver el lado positivo a nuestras tardes en Valladolid: el parque con vendedores de marquesitas, las sillas unidas para platicar con tu otra mitad, las casas antiguas, los pisos de decorado vintage. Es un lugar hermoso.

La ciudad que pusiera a Yucatán en el mapa en los tiempos de la Colonia tiene muchísimo que ofrecer si te gusta probar comida deliciosa, si quieres caminar en calles empedradas, si estás dispuesto a detenerte un ratito para tomar una limonada con jengibre y si te fascina encontrar tiendas de diseño local en los lugares menos imaginados.

Mi amor por Valladolid creció cuando mi amiga Tania me sugirió pasar una tarde tomando algunas fotos en el parque y en otras locaciones llenas de magia. El lente de Tania y la ropa vintage fueron suficientes para crear imágenes preciosas que iré usando poco a poco pero ahora quiero compartirles mis favoritas.

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Ese vestido de florecitas es de la década de los 50 y fue un regalo de mi mamá. Belsy lo encontró en una tienda vintage de Oakland, California, hace unos cuatro años. La tela es de una seda bastante delicada, el estampado es precioso y lleva un cinturón delgadito que define la cintura a la perfección.

Este vestido estuvo colgado en mi clóset por varios años porque estaba esperando el momento perfecto para estrenarlo, ¡y así lo hice! Me acompañó en mi plática de TEDxCancún sobre cómo puedes encontrar tu proyecto de emprendimiento. Por eso la ropa tiene un significado especial para mi, porque nos hace recordar días especiales y nos recuerda lo que estábamos haciendo o lo que estábamos sintiendo cuando la usamos.

Los zapatos fueron un vintage find que me topé en una tienda de segunda mano de Orlando. Cuando vivía ahí iba muy seguido a revolver la ropa y los accesorios del centro de donación más cercano y fue así como me llevé a casa un par de Salvatore Ferragamo por siete dólares. En definitiva, uno de los más grande éxitos de mi vida.

Y bueno. Gracias a Valladolid por ser tan linda y gracias a Tania por capturar esa tarde. Aquí las fotos de nuestro ratito en Yucatán:

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¿Ustedes son fans de esta bonita ciudad de Yucatán? Cuéntenme en los comentarios qué es lo mejor que han hecho por ahí.

Besos,

Alana.

 

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  • Circe Almendra

    Que bonito todo Alana, me gusta como escribes me imagino todo, hermoso vestido y locación, yo conocí Valladolid de regreso de Chichén hace unos años y me encantó el parque, marquesitas y sillas de novios (nose como le dicen), es como una pequeña ciudad perdida colonial en medio de la selva, me la imagino así, saludos y buenas vibras siempre