#FASTFASHIONDETOX: CÓMO LE HICE PARA DEJAR DE COMPRAR EN LAS TIENDAS DE MODA RÁPIDA.

Antes de contarles una historia muy feliz les voy a contar una historia triste: la tecnología estuvo en mi contra hace unas semanas y perdí todos (tooodos) los posts de mi blog anterior en el que por unos 4-5 años escribí sobre temas relacionados con la ropa vintage y su impacto en la moda sustentable. Hoy empiezo de nuevo y espero que el proceso sea aún más divertido (y con mis textos bien respaldados en Google Drive).

Hace un año decidí no volver a comprar en las tiendas del Fast Fashion y la verdad es que me da mucha pena no haberlo hecho antes porque ha sido una de las experiencias más divertidas, interesantes y fáciles de mi vida.

Long story, short: un día me enojé mucho conmigo misma porque, aunque llevaba desde el 2010 vendiendo y comprando ropa vintage para mi y para mi negocio, no había dado el paso final de decirle “adiós y hasta nunca” a las tiendas que elaboran productos con un terrible impacto ambiental-social. Había tratado de hacerme de la vista gorda e intentaba no pensar en todo lo que muchas ciudades y personas tuvieron que sufrir para que yo comprara unos jeans en rebaja pero llegué al punto en el que eso se convirtió en un tema que no me dejaba dormir tranquila por las noches.

Y así nació el #FastFashionDetox, un término que se le ocurrió a mi amiga Tania y con el que documentaría mi proceso de dejar de comprar ropa nueva en las tiendas de la moda rápida.

¿ME QUEDÉ SIN OPCIONES PARA COMPRAR ROPA?

Para naaada. Desde que me preocupo por usar únicamente prendas y accesorios amigables con el ambiente y fabricados de forma ética he investigado más sobre marcas con procesos sustentables y lugares en dónde puedo comprar. Las opciones son muchísimas.

Normalmente compro prendas vintage y ropa de segunda mano pero también he encontrado piezas increíbles en mercados, en ventas de garage, en boutiques de marcas locales en Cancún (mi ciudad) y, cuando estoy de viaje, en tiendas en donde tengan productos hechos por diseñadores o creativos de la ciudad en donde esté.

Set de suéter y cardigan, vintage. Jeans, vintage. Mochila, second hand.

Set de blusa y shorts, vintage. Chamarra, second hand. Bolsa, second hand.

Y lo mejor es que sé las prendas que me llevo a casa representan la responsabilidad que tengo con mi ciudad, con el mundo y con las personas que vivimos en él. No comprar ropa del Fast Fashion es mi granito de arena frente a un problema ético de magnitudes enormes y, si no sabes a qué me refiero, te recomiendo que leas este texto de la revista Letras Libres que lo explica mucho mejor que yo.

¿TODO LO QUE BUSCO LO ENCUENTRO FUERA DEL FAST FASHION?

Sí, al 95%. Toda mi ropa y mis accesorios son vintage, usados por alguien más antes que yo, de marcas locales o de marcas grandes con procesos éticos. Hay una que otra cosa que no es muy fácil de encontrar en las opciones anteriores (ropa interior, por ejemplo) pero lo que he decidido hacer es buscar opciones de tiendas que han hecho esfuerzos por mejorar sus producciones. No es lo ideal pero, es un avance. Sólo estoy a una googleada de distancia para saber en dónde puedo conseguir calzones y bras hechos sin tanto desastre natural y pues, ¡tan-tan!

Además, el #FastFashionDetox es un concepto que cada quien puede moldear a su manera y, aunque yo decidí hacerlo al 100% y todo de golpe, sé que hay otras personas que lo practican de maneras menos tajantes. Recuerda que cualquier prenda sustentable que reemplaces por una prenda nueva es un logro.

Mi clóset. Me encanta que todas mis prendas son amigables con el medio ambiente.

UN PROCESO SIN MUCHO DRAMA

Mi idea de documentar mis experiencias al dejar de comprar ropa en el Fast Fashion se quedó un poco en espera porque este proceso fue MUUUCHO más fácil de lo que esperaba. No sufrí en la época de rebajas, ni me quedé con ganas de comprar alguna blusa de estas tiendas grandotas. Es más, ¡empecé a vivir una paz enorme al caminar a un lado de estas tiendas y no sentir la necesidad de comprar todo!

Mi relación con los objetos que me rodean ha cambiado y ahora valoro mucho más cada pieza de mi clóset. Vestirme en las mañanas se ha vuelto facilísimo porque cada una de mis prendas me recuerda al lugar en donde la compré y me hace pensar en lo increíble que es poder vestirme con ropa que no le hace daño a mi comunidad.

Ahora me doy cuenta que el #FastFashionDetox es usado por diferentes personas del mundo. Me encanta ver cómo cada quien le agrega un toque individual pero todos compartimos la misma idea: queremos demostrar que el consumo responsable de ropa es fácil, es emocionante y es una opción muy, muy viable para disminuir nuestra huella ecológica.