¡Hola desde mi home office renovado! Estas últimas semanas he probado diferentes maneras de organizar mi escritorio y me he deshecho (responsablemente) de muchas de mis posesiones. Mi meta no es quedarme con un colchón en el piso y una taza de café pero sí quiero reducir el volumen de cosas que tengo.

Y te voy a decir algo que me da mucha pena: la mayor parte de las cosas que tenía en mis libreros y en mis cajones sólo me servían para aparentar que era alguien que ya no soy ahora.

¿Por qué me pasó eso? Porque es normal. Es parte de crecer y de definir tu personalidad. Lo importante es romper ese ciclo que te hace comprar o guardar cosas para reforzar una idea de ti que tal vez no es la real o la actual y de eso quiero platicarte hoy.

Será más sencillo explicarme si te cuento un ejemplo personal.

– Yo compraba un montón de cosas para validar mi grado de coolness – 

Cuando me fui a vivir a Monterrey, entré a estudiar a una universidad en la que no conocía a nadie y tuve que empezar desde cero a hacer amigos. Poco a poco encontré a las personas que me acompañaron durante esos años pero siempre pensé que ellos eran muchísimo más inteligentes y más «cool» que yo. Ellos sabían de música, habían viajado a lugares que yo no conocía, les iba mejor que a mi en clases y, a mi parecer, todos se veían mejor que yo y mis playeras de cuadros. Primero me tenían apantallada y después fui buscando ser así como mis amigos a los que quería (quiero, en presente) tanto.

Tratando de ser como ellos me compré muchísimos libros y cantidades absurdas de ropa que, según yo, me hacían ver como si yo también supiera quién es Hot Chip.

Esta historia no es para decirte que fui una poser todos esos años porque, en realidad, no creo haberlo sido. Al estar en contacto con nueva música, nuevos libros y nuevas formas de vestir realmente adopté un estilo de pensar que conservo hasta hoy y si no fuera por ese tiempo jamás hubiera sabido qué era la ropa vintage. Por supuesto que no sería la mujer que soy ahora.

Pero ese cambio de vida también me hizo comprar y comprar y comprar cosas para demostrarme a mi misma que yo estaba cambiando. Tuve que comprar todos los libros de Chuck Klosterman para validar que me gustaba leer a Chuck Klosterman. Y lo peor es que los guardé como un tesoro todos estos años, aunque ya no me interesa saber lo que escribe ese autor.

Este libro lo compré en la misma época en la que compraba sin medida. Pero este libro lo conservo hasta hoy porque sigue interesándome, sigue reflejando quién soy actualmente

Me pasó también con la ropa. Amaba los vestidos vintage y tenía mis favoritos pero también me compraba blusas negras y chamarras doradas y me pintaba los ojos con un chorro de delineador negro para verme como según yo debían verse todos los que escuchaban a Crystal Castles, una banda que me gusta hasta hoy que los escucho vestida con un maxi vestido de los 90 que me tiene loca. No necesito comprar o guardar ropa que no me acomoda para validarme como una persona con gustos X o Y.

Tal vez todo esto se lea como muy básico pero no lo es tanto. Darte cuenta de que las cosas que tienes a tu alrededor no te hacen ser tú es una idea profunda que tiene muchas capas y se va entendiendo poco a poco. Yo sigo en ese proceso.

Entonces, como decíamos mis amigos y yo cuando estábamos en la universidad, “¿con qué te quedas, con qué te vas?” Quédate con los objetos que tengan una función real. Se vale comprar o guardar ropa que te gusta porque refleja quién eres pero analiza por qué compraste o por qué has guardado por años ciertas prendas que no te pones. Puede ser que sean un reflejo de alguien que fuiste y ya no eres.

– Este post se publicó primero en mi newsletter, el 16 de enero de 2020. Si quieres suscribirte y recibir textos similares en tu inbox, haz click aquí –